Una película sobre la no-búsqueda. Sobre la no identificación. La recomendamos...
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jueves, 20 de agosto de 2015
jueves, 6 de agosto de 2015
EL PICADOR DE PIEDRAS
Esto le hizo muy feliz, hasta que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces, expresó de nuevo en voz alta su deseo de tener más poder y riquezas, y le fue también concedido.
Al poco tiempo, cuando comprobó que, debido a su condición, se había creado muchos enemigos, sintió miedo. Un día, vio la destreza con la que un samurai manejaba sus armas y la rapidez con que se deshacía de sus enemigos, y pensó: “Si yo dominase un arte de combate con esa destreza, tendría garantizada mi seguridad y podría vivir en paz. ¡Quiero ser un respetado samurai!”. Y así fue.
No obstante, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos crecían cada vez más y eran más peligrosos. Un día, en que estaba mirando al Sol desde la ventana de su casa, pensó: “Él si que es poderoso. Nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. ¡Quiero ser el Sol!”. Y así ocurrió.
Convertido en Sol, una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión, y pensó: “Quiero ser tan poderoso como la nube que es capaz de ocultar al Sol. ¡Quiero ser nube!.” Y también este deseo se convirtió en realidad. Pero al ver como el viento la arrastraba, se desilusionó y decidió, esta vez, ser viento, con toda su fuerza y potencia arrolladora. Y así sucedió.
Cuando se hubo convertido en viento, sopló fuertemente sobre una roca que permaneció impasible, causándole gran exasperación. “Ella si que es fuerte”, pensó. “¡Quiero ser una roca!”. Convertido en roca, se sintió invencible, creyendo que no existía nada más fuerte que él en todo el Universo.
Pero cuál fue su sorpresa al ver a un picador de piedra que tallaba la roca y le daba la forma que quería, sin que pudiera resistirse a sus hábiles golpes.
Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su condición inicial no era tan mala, y que deseaba de nuevo volver a ser el picador de piedra que había sido en un principio.
jueves, 30 de julio de 2015
POR QUÉ GRITAMOS AL DISCUTIR?
POR QUÉ GRITAMOS AL DISCUTIR?
Un día un maestro preguntó a sus discípulos lo siguiente:
-¿Por qué la gente grita cuando está enfadada?
Los discípulos pensaron unos momentos. -Porque perdemos la calma, contestaron.
-Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el maestro. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enfadado?
Los discípulos dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas agradó al maestro.
Finalmente el maestro les explicó: -Cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enfadados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el maestro preguntó: -¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El maestro continuó: -Cuando se enamoran aún más, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente, no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuando están cerca dos personas que se aman.
Luego el maestro dijo: -Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, porque llegará un día en que la distancia sea tan grande, que no encontrarán de nuevo el camino de regreso.
-¿Por qué la gente grita cuando está enfadada?
Los discípulos pensaron unos momentos. -Porque perdemos la calma, contestaron.
-Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el maestro. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enfadado?
Los discípulos dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas agradó al maestro.
Finalmente el maestro les explicó: -Cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enfadados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el maestro preguntó: -¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El maestro continuó: -Cuando se enamoran aún más, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente, no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuando están cerca dos personas que se aman.
Luego el maestro dijo: -Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, porque llegará un día en que la distancia sea tan grande, que no encontrarán de nuevo el camino de regreso.
jueves, 23 de julio de 2015
CINCO HERIDAS EMOCIONALES QUE DEBEMOS SANAR
Solemos creer erróneamente que lo pasado ya no regresará a nosotros, que no resiste el paso del tiempo y que no merece la pena atender a cómo ha ido conformando nuestra salud emocional.
Sin embargo, por desgracia, a día de hoy seguimos bloqueándonos o actuando de manera dañina en ciertos momentos. Quizás no somos conscientes de ese vértigo emocional, pero es frecuente que nuestras experiencias más tempranas con el mundo tengan mucho que ver.
De alguna manera, esas vivencias dolorosas de la infancia contribuyeron a construir nuestra personalidad y nuestro carácter. Así, a día de hoy siguen hablando de nuestro pasado y de nuestros pesares a través de nuestra forma de ser y de nuestra manera de responder a las adversidades.
Es importante que nos hagamos conscientes de ellas, que evitemos maquillarlas y que hallemos la manera de sanarlas. Para ello debemos abrir nuestra mente y explorarnos, a pesar de que nos dé miedo revivir el sufrimiento que nos causaron.
Para Lisa Bourbeau, las 5 heridas que nos impiden ser nosotros mismos son la traición, la humillación, la desconfianza, el abandono y la injusticia. Vamos a ver cómo podemos identificarlas:
1- El miedo al abandono
Es importante no confundir el rechazo con el abandono. Tal y como explica Lisa en su libro, si un miembro de una pareja rechaza a otro, lo repele; sin embargo, si decide abandonarlo, se marcha y se distancia de él.
Un niño puede sentirse abandonado si sus padres atienden más a otro hermano, si no tienen tiempo para él, cuando nadie le explica lo que sucede, etc. El miedo que padece un niño desamparado es descorazonador.
Quienes lo han sufrido sienten que no son queridos y, por lo tanto, de adultos se crean la máscara del dependiente emocional. Estas personas piensan que no conseguirán lograr nada por sí mismas y, por lo tanto, tienen la necesidad de un apoyo externo.
Como consecuencia del miedo al desamparo, el niño intentará prevenir el hecho de revivir ese abandono, por lo que es posible que abandone sus proyectos de manera temprana. Es muy común que hablen o piensen de manera ambivalente: “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.
Estas personas tendrán que trabajar su miedo a la soledad y su temor a ser abandonados, para lo que necesitarán que en su interior fluya un diálogo positivo y esperanzador.
2- El miedo al rechazo
Como hemos comentado antes, esta herida se ocasionó por un rechazo explícito de los progenitores, la familia, los iguales o los iguales. Como consecuencia directa, esta herida nos impide aceptarnos y atender a nuestros pensamientos, sentimiento y emociones.
El dolor que ocasiona esta herida impide la construcción saludable de la autoestima y del amor propio, generando pensamientos descalificativos que retroalimentan de manera constante el sentimiento de poca valía personal.
Para sanar esta herida hay que trabajar de manera profunda los miedos internos que padecemos, ocupar nuestro sitio en el mundo y tomar decisiones por nosotros mismos. Todo esto lleva un proceso complejo que hay que trabajar pormenorizadamente. Recuerda que eres la única persona que necesitas para vivir.
3- La humillación
El niño que es desaprobado o criticado, al que se le ponen etiquetas como bueno/malo, torpe/hábil, tonto/listo, etc., desarrolla la herida de la humillación. Esto ocurre precisamente porque se le define por sus capacidades o sus actuaciones.
Por esta razón, es importante no catalogar a nadie, ni a niños ni a adultos, pues destruye la autoestima y la confianza en el mundo.
A veces las personas que han sido humilladas utilizan los mismos mecanismos que usaron con ellos como escudo protector o mecanismo de defensa. Por esto, hay que trabajar la autoestima y la autoconfianza, a fin de conocer nuestras necesidades, nuestros temores y nuestro yo más interno.
4- La traición o el miedo a confiar
Un niño se sentirá traicionado y engañado cuando sus cuidadores no cumplan sus promesas. Debido a esto, se desarrolla una desconfianza sistemática que puede llegar a convertirse en envidia, menosprecio u otro tipo de sentimientos negativos.
De alguna manera, el niño no se cree merecedor de lo prometido, por lo que se merma la capacidad de autopercibirse de forma saludable. Como consecuencia, los adultos pueden llegar a ser muy controladores y perfeccionistas, queriéndolo tener todo atado por temor a que algo se escape de su control.
Esta manera de pensar y de actuar solo confirmará tus prejucios, por lo que tienes que trabajar tu paciencia, tu tolerancia y tu capacidad de cooperación. Protégete del desengaño y procura manejar la necesidad de tener las cosas repensadas y muy planificadas.
5- La injusticia
Esta herida está presente en los hogares en los que los cuidadores principales se comportan de manera fría, rígida y autoritaria. Debido a la exigencia extrema, se generan sentimientos de ineficacia y de inutilidad, lo cual paraliza a la persona que lo padece.
Como consecuencia, estas personas aprender a reproducir estos patrones de comportamiento y de crianza, haciéndose esclavos de la intransigencia, del perfeccionismo y del afán de poder.
Para hacer frente a la radicalización de nuestros comportamientos y de nuestras ideas, tenemos que trabajar en conseguir una mayor flexibilidad mental y en permitirnos confiar en los demás.
El primer paso para sanar estar heridas es conseguir reconocerlas con el fin de realizar después un trabajo interno y exhaustivo que nos ayude a desprendernos del dolor.
martes, 23 de junio de 2015
PERSEVERANCIA
Suave como el océano, sin propósitos como las ráfagas del vendaval. – Lao Tsé (Tao Te King)
La constancia es el resultado de una ecuación entre necesidades, expectativas y percepción del logro de metas. Teóricamente, cuando una necesidad o deseo nos dirige hacia un objetivo, nos anticipamos mentalmente al instante del logro, idealizándolo y convirtiendo la expectativa de vivirlo en un incentivo directo: así surge la tan mentada motivación.
Sin embargo, una vez alcanzada una meta, el interés disminuye porque el motivo (aparentemente) desaparece. Lo mismo sucede cuando tiramos un frasco de vitaminas, porque no nos sentimos revitalizados pese a haberlas tomado a conciencia por quince días. O cuando dejamos la dieta al bajar los primeros 5 kilos. No todos estamos preparados para la lección de la paciencia.
El Tai Chi Chuan nos ofrece alivio sin contraindicaciones para muchas dolencias, sobre todo las relacionadas con el estrés (insomnio, hipertensión y contracturas), dentro de un plazo razonable. Nos permite utilizarlo como apoyo para tratamientos médicos o simplemente para alcanzar la longevidad manteniendo una muy buena salud general. Es calidad de vida en un sentido tan completo, que tal vez nos pase desapercibido su alcance si nos concentramos en que, por ejemplo, después de 2 meses de clase una vez por semana, seguimos con aquella contractura de hombro que nos duele hace 10 años.
Como siempre, los logros más importantes y sustentables vienen de la mano de la CONSTANCIA, aún en la aparente frustración. Utilizando el ejemplo anterior, si una persona llegó al Tai Chi por una contractura, es porque las pastillas le alivian el dolor a costa de un persistente ardor de estómago. Seguramente demandará resultados y se mostrará escéptica, pero de pronto su padecimiento tiene raíces más allá de lo postural y llevará más tiempo llegar a ellas. Lo más probable es que pierda de vista que cuando practica se oxigena mejor, duerme profundamente y este descanso lo renueva. ¿Por qué? Porque todavía le duele el hombro.
Por eso, meditando sobre la cita de Lao Tsé, debemos encarar la práctica con una actitud flexible, sin concentrarnos en propósitos que nos limiten, pero con la persistente suavidad del océano y la fuerza del vendaval. Manteniéndonos sin expectativas podremos obtener logros que van más allá de nuestra imaginación.
Por Instructora Adriana Dos Santos
La constancia es el resultado de una ecuación entre necesidades, expectativas y percepción del logro de metas. Teóricamente, cuando una necesidad o deseo nos dirige hacia un objetivo, nos anticipamos mentalmente al instante del logro, idealizándolo y convirtiendo la expectativa de vivirlo en un incentivo directo: así surge la tan mentada motivación.
Sin embargo, una vez alcanzada una meta, el interés disminuye porque el motivo (aparentemente) desaparece. Lo mismo sucede cuando tiramos un frasco de vitaminas, porque no nos sentimos revitalizados pese a haberlas tomado a conciencia por quince días. O cuando dejamos la dieta al bajar los primeros 5 kilos. No todos estamos preparados para la lección de la paciencia.
El Tai Chi Chuan nos ofrece alivio sin contraindicaciones para muchas dolencias, sobre todo las relacionadas con el estrés (insomnio, hipertensión y contracturas), dentro de un plazo razonable. Nos permite utilizarlo como apoyo para tratamientos médicos o simplemente para alcanzar la longevidad manteniendo una muy buena salud general. Es calidad de vida en un sentido tan completo, que tal vez nos pase desapercibido su alcance si nos concentramos en que, por ejemplo, después de 2 meses de clase una vez por semana, seguimos con aquella contractura de hombro que nos duele hace 10 años.
Como siempre, los logros más importantes y sustentables vienen de la mano de la CONSTANCIA, aún en la aparente frustración. Utilizando el ejemplo anterior, si una persona llegó al Tai Chi por una contractura, es porque las pastillas le alivian el dolor a costa de un persistente ardor de estómago. Seguramente demandará resultados y se mostrará escéptica, pero de pronto su padecimiento tiene raíces más allá de lo postural y llevará más tiempo llegar a ellas. Lo más probable es que pierda de vista que cuando practica se oxigena mejor, duerme profundamente y este descanso lo renueva. ¿Por qué? Porque todavía le duele el hombro.
Por eso, meditando sobre la cita de Lao Tsé, debemos encarar la práctica con una actitud flexible, sin concentrarnos en propósitos que nos limiten, pero con la persistente suavidad del océano y la fuerza del vendaval. Manteniéndonos sin expectativas podremos obtener logros que van más allá de nuestra imaginación.
Por Instructora Adriana Dos Santos
martes, 26 de mayo de 2015
LOS CUATRO MIEDOS
1. MIEDO A LA SOLEDAD
Hay dos opciones que se pueden considerar:
La primera es que el ego trabaja en su banal causa de hacerte creer que realmente estás solo, que tu estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.
La segunda opción es que el Espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tu siempre estás unido a la energía integradora de Dios, que se manifiesta en una llama interior que tu posees, una luz que debes expandir.
Cuando le das fuerza a esa luz interior, comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con tu Creador Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente en este momento, empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.
2. MIEDO A LA ESCASEZ
Superar el miedo a estar escaso, sin dinero u oportunidades para ser cada vez más abundante, requiere de un trabajo contigo mismo.
Debes darte la oportunidad para considerar que tus emociones sientan ese “deseo de merecer lo mejor para tu vida”. El sentimiento de víctima, es una señal de que el fantasma del miedo esta invadiéndote.
Hay una palabra de siete letras que, cuando la repites, empieza a dar claridad al estado de abundancia que hoy tienes. Esta palabra es “GRACIAS”.
Cuando agradeces por todo cuanto tienes en este momento y por lo que llegará a ti, comienzas a ser perceptible de todas las cosas que Dios te ofrece cada día. Gracias Dios por abrir los ojos este día de hoy, por poder respirar un día más. Gracias por la cama donde duermo, por las situaciones que parecen adversas; pero me Dejan sabiduría. Gracias Dios por la sonrisa que me regalo esa persona que no conozco. Gracias Dios por Tener trabajo, por la comida caliente, por la taza de cafe. Agradece y, en poco tiempo, todos tus deseos comenzaran a materializarse.
3. MIEDO A LA ENFERMEDAD
La enfermedad es un desequilibrio de tu estado de conciencia. Cuando empiezas a sentirte débil, está claro que perdiste tu fortaleza interior. “Enfermedad”, es una palabra compuesta del latin “in-firmus”, que significa “Sin Firmeza”.
Si comienzas a erradicar las auto-culpas, estarás dejando las cárceles del saboteo mental y te liberarás de estas ataduras.
El filosofo Platón dijo: “mente sana en cuerpo sano”. Piensa positivo respecto de ti mismo.
La enfermedad se contagia, perjudicando a otro ser, como se puede contagiar la salud.
Reconcíliate con el pasado, perdona íntimamente en tu corazón todos los sucesos de dolor y llena tu corazón de alegría, perdón y paz.
Permanece también en silencio, porque Dios te hablará en este espacio de meditación.
El remedio para la enfermedad es el Amor. Te daras cuenta que, de todos los medicamentos, el amor también crea adicción. Conviértete en un “adicto al amor”, llénate de amor, ya que nadie puede otorgar lo que no tiene, da amor y recibirás a cambio amor.
Estarás cada vez mas sano y lleno de vitalidad. El mundo necesita que estés saludable, para poder cumplir tu rol de ser un gestor de cambios en este planeta, que necesita curar su alma.
Si hay algo de lo que podemos estar seguros es que, cuando Dios lo disponga, partiremos de esta vida, no antes ni después. Cuando el médico nos da la primera nalgada para que comencemos a respirar, se activa la cuenta regresiva; ese tic-tac que nos indica que vamos yendo hacia el día que debamos “parar”. Es por eso que la vida es un constante “Pre-parar”, es decir, una invitación a trascender en cada instante vivido, hasta que llegue tu turno de “parar”.
4. MIEDO A LA MUERTE
Cierra tus ojos un momento e imagina que hace una semana que has muerto y que estás en el cementerio visitando tu propia tumba. Miras tu lapida y lees tu nombre, tus fechas de nacimiento y de partida de este mundo. A continuación, piensa en cual es la frase que escribiría la humanidad acerca de ti, en tu propia lapida:
Qué dirían de ti? Que fracasaste en muchas de las áreas de tu vida?; Que la gente agradece que hayas partido, porque les hiciste la vida amarga?; o Qué sienten profundamente tu partida y que dejaste un espacio vacío en la humanidad, que nunca nadie podrá llenar?
Qué diste? Qué cediste? Qué donaste? A quién ayudaste? De qué te privaste?
Escribe en un papel que es lo que deseas que quede grabado en la piedra, cuando partas de este mundo. Trabaja, día tras día, para acercarte a este enunciado que declaras.
El miedo a la muerte se supera, cuando tu meta es proyectarte en la Trascendencia de tu entrega, bondad, generosidad, desprendimiento, altruismo, amor al prójimo, capacidad de despojarte, sin condiciones, sin esperar retribuciones, que vivirá en la memoria y los corazones de quienes hiciste contacto en la vida e hiciste felices.
Tomado de Kapulli y Temazcal, antigua sabiduría Tolteca desde el sitio Deja fluir.
Hay dos opciones que se pueden considerar:
La primera es que el ego trabaja en su banal causa de hacerte creer que realmente estás solo, que tu estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.
La segunda opción es que el Espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tu siempre estás unido a la energía integradora de Dios, que se manifiesta en una llama interior que tu posees, una luz que debes expandir.
Cuando le das fuerza a esa luz interior, comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con tu Creador Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente en este momento, empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.
2. MIEDO A LA ESCASEZ
Superar el miedo a estar escaso, sin dinero u oportunidades para ser cada vez más abundante, requiere de un trabajo contigo mismo.
Debes darte la oportunidad para considerar que tus emociones sientan ese “deseo de merecer lo mejor para tu vida”. El sentimiento de víctima, es una señal de que el fantasma del miedo esta invadiéndote.
Hay una palabra de siete letras que, cuando la repites, empieza a dar claridad al estado de abundancia que hoy tienes. Esta palabra es “GRACIAS”.
Cuando agradeces por todo cuanto tienes en este momento y por lo que llegará a ti, comienzas a ser perceptible de todas las cosas que Dios te ofrece cada día. Gracias Dios por abrir los ojos este día de hoy, por poder respirar un día más. Gracias por la cama donde duermo, por las situaciones que parecen adversas; pero me Dejan sabiduría. Gracias Dios por la sonrisa que me regalo esa persona que no conozco. Gracias Dios por Tener trabajo, por la comida caliente, por la taza de cafe. Agradece y, en poco tiempo, todos tus deseos comenzaran a materializarse.
3. MIEDO A LA ENFERMEDAD
La enfermedad es un desequilibrio de tu estado de conciencia. Cuando empiezas a sentirte débil, está claro que perdiste tu fortaleza interior. “Enfermedad”, es una palabra compuesta del latin “in-firmus”, que significa “Sin Firmeza”.
Si comienzas a erradicar las auto-culpas, estarás dejando las cárceles del saboteo mental y te liberarás de estas ataduras.
El filosofo Platón dijo: “mente sana en cuerpo sano”. Piensa positivo respecto de ti mismo.
La enfermedad se contagia, perjudicando a otro ser, como se puede contagiar la salud.
Reconcíliate con el pasado, perdona íntimamente en tu corazón todos los sucesos de dolor y llena tu corazón de alegría, perdón y paz.
Permanece también en silencio, porque Dios te hablará en este espacio de meditación.
El remedio para la enfermedad es el Amor. Te daras cuenta que, de todos los medicamentos, el amor también crea adicción. Conviértete en un “adicto al amor”, llénate de amor, ya que nadie puede otorgar lo que no tiene, da amor y recibirás a cambio amor.
Estarás cada vez mas sano y lleno de vitalidad. El mundo necesita que estés saludable, para poder cumplir tu rol de ser un gestor de cambios en este planeta, que necesita curar su alma.
Si hay algo de lo que podemos estar seguros es que, cuando Dios lo disponga, partiremos de esta vida, no antes ni después. Cuando el médico nos da la primera nalgada para que comencemos a respirar, se activa la cuenta regresiva; ese tic-tac que nos indica que vamos yendo hacia el día que debamos “parar”. Es por eso que la vida es un constante “Pre-parar”, es decir, una invitación a trascender en cada instante vivido, hasta que llegue tu turno de “parar”.
4. MIEDO A LA MUERTE
Cierra tus ojos un momento e imagina que hace una semana que has muerto y que estás en el cementerio visitando tu propia tumba. Miras tu lapida y lees tu nombre, tus fechas de nacimiento y de partida de este mundo. A continuación, piensa en cual es la frase que escribiría la humanidad acerca de ti, en tu propia lapida:
Qué dirían de ti? Que fracasaste en muchas de las áreas de tu vida?; Que la gente agradece que hayas partido, porque les hiciste la vida amarga?; o Qué sienten profundamente tu partida y que dejaste un espacio vacío en la humanidad, que nunca nadie podrá llenar?
Qué diste? Qué cediste? Qué donaste? A quién ayudaste? De qué te privaste?
Escribe en un papel que es lo que deseas que quede grabado en la piedra, cuando partas de este mundo. Trabaja, día tras día, para acercarte a este enunciado que declaras.
El miedo a la muerte se supera, cuando tu meta es proyectarte en la Trascendencia de tu entrega, bondad, generosidad, desprendimiento, altruismo, amor al prójimo, capacidad de despojarte, sin condiciones, sin esperar retribuciones, que vivirá en la memoria y los corazones de quienes hiciste contacto en la vida e hiciste felices.
Tomado de Kapulli y Temazcal, antigua sabiduría Tolteca desde el sitio Deja fluir.
lunes, 6 de abril de 2015
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